Desarrollo Infantil

(breve introducción)

 

El periodo de desarrollo temprano —que incluye el periodo intrauterino— puede demarcar trayectorias en la salud, el aprendizaje y la conducta, e influir en las futuras etapas del desarrollo.

El desarrollo cerebral durante la infancia tiene un rol central en el aprendizaje, la conducta y la salud tanto física como mental. Esta breve exposición habla sobre el desarrollo cerebral, sobre la relación existente entre el desarrollo basado en las experiencias tempranas y las trayectorias que se sellan durante la infancia que afectan tanto la salud, el aprendizaje y la conducta a lo largo de la vida. Las experiencias a las que se ve expuesto el recién nacido influyen directamente sobre
el desarrollo cerebral, viéndose que las experiencias no estimulantes y pobres del medio ambiente durante la temprana infancia pueden llevar tanto a un Coeficiente Intelectual (CI) menor, a habilidades verbales y matemáticas pobres, a conductas antisociales, así como a problemas físicos y mentales en la vida adulta.

 El cerebro es el órgano compacto que se encuentra en nuestra cabeza y que por me- dio de múltiples circuitos neuronales e interconexiones influye en nuestra salud y bienestar determinando nuestra competencia y habilidad para hacer frente a los problemas.

 El cerebro está compuesto por billones de células llamadas neuronas que se unen a través de conexiones o redes neuronales durante las primeras etapas de la vida, lla- madas sinapsis, mediante las cuales se transmiten los impulsos eléctricos que envían los órganos sensoriales (visión, oído, tacto, etc.); este proceso se conoce como “cableado cerebral”.

 (cuadro de Hart & Risley)

Trabajos realizados por una serie de investigaciones científicas sobre el desarrollo de la sinapsis durante los primeros años de vida en diferentes áreas del cerebro (tanto intrauterino como post-parto), nos indican que la formación de sinapsis de los circuitos sensoriales (como la visión, el tacto, el sonido) depende de la experiencia y se inicia muy temprano, culminando prácticamente a los dos años; las áreas y circuitos relacionados al lenguaje y a las funciones cognitivas superiores se desarrollan posteriormente. Sin un adecuado desarrollo de estos circuitos el lenguaje y la cognición pueden mostrar un desarrollo muy pobre, encontrando por lo tanto deficiencias en la alfabetización y el CI.

 El progreso del lenguaje se refleja en los primeros años en el desarrollo y uso del vocabulario (cuadro de Hart & Risley) muestra cómo la acumulación de vocabulario se inicia en las etapas tempranas del desarrollo. Así en los Estados Unidos, cuando los niños alcanzan los 36 meses, existen diferencias importantes de capacidades entre los diferentes grupos socioeconómicos, surgiendo la pregunta de: ¿por qué estas diferencias aparecen tan temprano en la infancia y cuáles son las implicancias que tienen en el nivel y grado de alfabetización que desarrollen estos niños?.

Cuadro 1

Cuadro 2

Las diferencias en vocabulario están sujetas a un efecto de dosificación, de manera que los niños que estuvieron más expuestos al lenguaje cuando eran pequeños obtuvieron la más alta puntuación en pruebas de vocabulario, evidenciando que el lenguaje está claramente relacionado con el habla y la lectura. Por otro lado, al leerle un cuento a un bebé, el padre o cuidador debe cargarlo en su falda o en brazos, pues por medio del tacto estamos también influyendo en los trayectos neuronales del comportamiento. (Cuatro 1)

Otro circuito que está relacionado con los circuitos sensoriales de la temprana infancia y que afecta la salud física y mental, el aprendizaje y la conducta, es el del estrés y demás aspectos relacionados a éste. Este (Cuadro 2) ilustra aspectos centrales sobre los efectos del estrés. El estímulo tanto interno como externo puede desencadenar los trayectos sensoriales cerebrales que a su vez hacen que el hipotálamo segregue la hormona corticoide (CRH). Como consecuencia la glándula pituitaria ubicada en la base del cerebro libera la hormona acetilcolina (ACTH), lo cual hace que la glándula adrenal produzca esteroides corticales (cortisol) que influyen sobre los órganos del cuerpo, incluido el cerebro. Este circuito neuronal- cerebral influye también sobre el Sistema Nervioso Autónomo (sobre la presión arterial, respiración, etc). Este circuito y su retroalimentación tienen un rol central en nuestra capacidad de afrontar y manejar los eventos del día a día. McEwan lo denomina el “allostatic load” (Cuadro 2).

 Fuente: Desarrollo en las Américas/ Los primeros años/ El bienestar y el papel de las políticas públicas/ BID